
Cada vez que el viento de la geopolítica sopla fuerte en Medio Oriente, el remezón se siente en la tranquilidad de nuestros pueblos y en las rutas de la producción regional. Siete meses de un conflicto que no afloja terminaron por empujar la cotización del petróleo crudo bastante más allá de los cien dólares por barril. Como cuando un partido parejo se desnivela sobre la hora por un detalle impensado, las estaciones de Shell, Axion y Puma aplicaron subas de hasta un 5%.
Las pizarras de las estaciones privadas comenzaron a retocar sus números en una reacción lógica ante los costos del mercado externo. Sin embargo, en el centro de esta jugada aparece una calma que suele durar poco: los surtidores de YPF mantienen los mismos precios sin modificaciones. La red estatal opera como esa columna vertebral pesada que frena los embates, aguantando la pelota en el medio de la cancha mientras el resto de los competidores ya movió sus piezas en las rutas del interior.
Para quien recorre los caminos del país, desde el cordón productivo hasta la costa atlántica, la diferencia de valores se hace notar de inmediato en cada carga. Las palabras de la conducción de la compañía de bandera dejaron en claro que esta tregua puede caducar pronto, dado que el titular de la petrolera de bandera admitió que YPF podría aumentar. Una variación en sus costos no es un tema menor: cuando la empresa nacional ajusta, el golpe de timón repercute directo en las economías regionales.
La influencia de la petrolera estatal se fundamenta en su presencia histórica a lo largo y ancho del mapa patagónico, pampeano y rural. No se trata de un jugador más en la cancha, ya que la empresa abarca más del cincuenta por ciento de la oferta del mercado. Con una presencia dominante del 55,6% en naftas y un 58% en el abastecimiento de diésel, sus decisiones condicionan el costo del flete, el movimiento del transporte de cargas y el trabajo diario en cada rincón del territorio.
En la zona del Gran Buenos Aires y los accesos urbanos, el mapa de precios muestra escalones bien marcados entre una manguera y otra. Mientras la nafta Súper de YPF se vende a $2.049 el litro, en Puma cotiza a $2.059, en Axion alcanza los $2.117 y en Shell toca los $2.161. Quienes buscan la opción Premium encuentran a la firma estatal en $2.246, seguida por Puma a $2.310, Axion a $2.383 y Shell a $2.436, marcando una brecha considerable en el llenado de tanque.
La brecha también se traslada con fuerza al combustible que mueve la maquinaria del agro y el transporte pesado. En el segmento del gasoil, el diésel común de YPF marca $2.199 frente a los $2.282 de Shell. En las variantes de mayor calidad, el Diésel Premium parte desde los $2.379 en YPF, escala a $2.447 en Puma y $2.513 en Axion, y encuentra su techo en $2.537. Habrá que ver cuánto tiempo más aguanta la posición la petrolera pública antes de acomodar sus fichas al tablero global.



