
El tradicional Tedeum del 25 de mayo se convirtió en un escenario de alta tensión política y coreografía oficialista. En medio de una profunda crisis socioeconómica que golpea con fuerza a los sectores trabajadores y a las provincias, el presidente Javier Milei buscó proyectar una imagen de cohesión y fortaleza en su Gabinete. Sin embargo, los pasillos de la Catedral Metropolitana y los alrededores de la Plaza de Mayo revelaron las profundas disputas internas, los silencios institucionales y las ausencias de peso que marcan el rumbo de la gestión de La Libertad Avanza.
La homilía de García Cuerva: un llamado a la cohesión en tiempos de crisis
Frente a la plana mayor del Gobierno y con una Plaza de Mayo fuertemente vallada, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, pronunció una homilía con un fuerte contenido social. El prelado no esquivó los temas más sensibles de la coyuntura nacional: cuestionó el uso sistemático de las redes sociales como herramientas de confrontación y realizó un llamado urgente a reencauzar el diálogo político. En un país donde los índices de pobreza y la desocupación golpean el tejido social, la Iglesia buscó posicionarse una vez más como un actor de moderación frente a la polarización promovida desde las altas esferas del poder.
En las afueras del templo, unas mil personas presenciaron la ceremonia detrás del perímetro de seguridad militarizado, compuesto por efectivos de la Gendarmería, la Marina y los Granaderos a Caballo. A diferencia de gestiones anteriores, llamó la atención la falta de pantallas gigantes que permitieran a la ciudadanía seguir la transmisión litúrgica en vivo, lo que generó quejas entre los asistentes que se acercaron a la Plaza. Al finalizar la jornada, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, sintetizó el momento con una frase directa hacia los manifestantes apostados tras las vallas: “Gracias gente, gracias por aguantar”, una expresión que resuena con especial peso en el marco del severo ajuste económico que experimenta la población.
Karina Milei y la profundización de la grieta interna con Victoria Villarruel
El dato político e institucional más saliente de la jornada fue la total ausencia de la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel. La titular del Senado y presidenta natural de la Asamblea Legislativa quedó excluida de la delegación oficial por decisión directa de la Secretaría General de la Presidencia. Esta marginación expone la fractura casi total en la cúspide del Poder Ejecutivo Nacional, donde la mesa chica de Balcarce 50 mantiene un nulo vínculo con la vicepresidenta.
La exclusión de Villarruel contrasta con la consolidación del poder real de Karina Milei, quien se ubicó en el primer banco de la Catedral, flanqueada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Esta disposición física no fue casualidad, sino una clara demostración de quién maneja los hilos políticos dentro de la estructura gubernamental, relegando las jerarquías institucionales tradicionales en favor del círculo de confianza familiar del primer mandatario.
El rompecabezas de un Gabinete cruzado por internas
Para contrarrestar las versiones de fractura, el oficialismo intentó escenificar una caminata de unidad desde la Casa Rosada hasta la Catedral. En esa columna se destacó la presencia de Santiago Caputo, el principal asesor de Javier Milei. Caputo, quien mantiene una disputa política abierta con los primos Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem por el control territorial de la fuerza libertaria, fue convocado de urgencia por el Presidente para sumarse a la caminata. Durante el trayecto, el consultor se mostró conversando de manera distendida con “Lule” Menem, en un intento por desactivar los rumores de ruptura ante las cámaras.
Por otro lado, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, debió transitar un camino particular. Bullrich ingresó de manera anticipada a la Catedral y fue ubicada en los últimos bancos del ala derecha, lejos de la centralidad que ocupó Karina Milei. No obstante, el Presidente se encargó de compensar este desplazamiento protocolar con un efusivo abrazo previo a la ceremonia y con un lugar destacado en el balcón de la Casa Rosada. Debajo del escenario, sectores de la militancia oficialista alentaron su figura con cánticos proyectándola hacia el futuro, ante los cuales la ministra optó por mantener una sonrisa reservada.
Ausencias ministeriales y gestos políticos de distensión
El Gabinete nacional registró bajas significativas durante la fecha patria:
- Luis Caputo: El ministro de Economía se ausentó debido a un cuadro gripal, en momentos donde la política económica y las negociaciones con las provincias por los recursos coparticipables siguen bajo estricto análisis.
- Sandra Pettovello: La ministra de Capital Humano no formó parte de la delegación por encontrarse de viaje oficial en la ciudad de Roma.
En el plano político local, un gesto relevante fue el trato dispensado hacia el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Jorge Macri. En un giro respecto a los roces previos entre la Nación y la administración porteña, Milei se esforzó por saludar efusivamente al mandatario local tanto al ingreso como a la salida del templo, e incluso lo invitó a subir al escenario montado frente al histórico Cabildo de Buenos Aires.
Al concluir los actos oficiales, los funcionarios se retiraron hacia el Salón Eva Perón de la Casa de Gobierno para una reunión de evaluación. Tras una jornada cargada de simbolismo religioso y político, el oficialismo logró su pretendida foto de unidad, aunque las dinámicas internas de poder, la exclusión de la Vicepresidenta y las crecientes demandas sociales externas sigan marcando la agenda de una gestión nacional bajo permanente tensión.



