
La crisis por los audios íntimos de Javier Milei sumó un giro decisivo: Rosemary “Oscurita” Maturana confirmó públicamente que las grabaciones son reales. La asesora de imagen, cercana al Presidente desde la campaña, aseguró que se trata de un “carpetazo” y que el material fue editado, aunque admitió tener “cuatro años de charlas” con el mandatario.
🗣️Milei: “VOS TENÉS LA CONCHA MÁGICA”
— Marian Herrera (@marianherrrera) May 21, 2026
🚨 APARECIERON LOS AUDIOS DE ROSEMARY, EL GATO DE LA SIDE QUE LE PLANTARON AL PAJÍN DE MILEI🚨 pic.twitter.com/58OeYUMQZy
La filtración no solo expuso conversaciones de tono sexual, sino que derivó en una denuncia penal presentada por Santiago Cúneo, que quedó en el juzgado de Ariel Lijo. El foco judicial no está en el contenido explícito, sino en un posible riesgo para la seguridad presidencial: en los audios, Maturana pregunta por la custodia oficial durante un viaje al exterior, información que debería estar protegida por protocolos estrictos.
MILEI: -Te voy a dar un paquetazo en la jeta, y después te la acomodo con LA LECHE
— TUGO News (@TugoNews) May 21, 2026
+Bueno pero escuchame
-WASCA EN LA CARA
+Che pero
-WASCA EN LA CARA WASCA EN LA CARA
+Eh
-WASCA EN LA CARA
Por dios este tipo está ENFERMO, pídanle perdón a Alberto YA MISMO pic.twitter.com/d8gEdmei6e
La Justicia investiga si hubo acceso ilegal a comunicaciones encriptadas y si servicios de inteligencia pudieron intervenir antes de la difusión. El Gobierno, lejos de dar explicaciones, optó por el silencio. Solo Santiago Caputo salió a insinuar en redes una “operación coordinada”, sin aportar pruebas y atacando a periodistas y medios críticos.
El episodio vuelve a mostrar la fragilidad del dispositivo presidencial y la improvisación que rodea al círculo íntimo de Milei. Que audios privados del jefe de Estado —con referencias a seguridad y movimientos oficiales— terminen viralizados en redes revela un nivel de desprotección institucional alarmante.
Mientras la causa avanza, el oficialismo intenta reducir el tema a una maniobra política. Pero la pregunta central sigue sin respuesta: ¿cómo se filtraron audios que nunca deberían haber salido del entorno presidencial?



