
El fallecimiento de Carlos “Indio” Solari generó una conmoción nacional que desbordó cualquier previsión. Miles de personas se movilizaron espontáneamente para despedir al ícono del rock argentino, mientras la familia definía los detalles del velorio público. En ese contexto, un dato político inesperado tomó forma: Axel Kicillof y Máximo Kirchner retomaron el diálogo después de un largo período de distancia. La coordinación para acompañar a la familia del músico y garantizar un espacio adecuado para la despedida reactivó un vínculo que había quedado en pausa.
La jornada comenzó con incertidumbre. Desde temprano, fanáticos se acercaron a Plaza de Mayo, Parque Leloir y distintos puntos del país para expresar su dolor. En paralelo, surgieron pedidos para realizar el velorio en el Congreso o en Casa Rosada, pero ambas opciones fueron descartadas por el gobierno nacional. La negativa generó desconcierto y abrió un vacío organizativo que rápidamente fue ocupado por la Provincia de Buenos Aires.
Kicillof puso a disposición de la familia todos los espacios bajo su órbita: la Legislatura bonaerense, la Gobernación y otras locaciones que podían adaptarse a un evento masivo. Funcionarios provinciales se mantuvieron en contacto permanente con los allegados del Indio, a la espera de una definición. El Estadio Único de La Plata quedó descartado por estar en obra, pero aun así la Provincia ofreció alternativas para garantizar una despedida segura y ordenada.
En paralelo, Máximo Kirchner se acercó al domicilio del Indio en Parque Leloir para tomar contacto directo con la familia. El gesto no solo buscó acompañar en un momento sensible, sino también aportar claridad en medio de la confusión generada por las idas y vueltas del gobierno nacional. La presencia del diputado permitió articular información, transmitir tranquilidad y facilitar la coordinación con la Provincia.
La reaparición conjunta de Axel y Máximo no pasó desapercibida. Durante meses, ambos habían transitado caminos separados dentro del peronismo, con agendas propias y escaso intercambio político. La organización del velorio del Indio, sin embargo, los volvió a poner en la misma mesa. No se trató de una foto ni de un acuerdo formal, sino de una necesidad práctica: garantizar que la despedida de un ícono cultural estuviera a la altura de su impacto social.
Mientras tanto, la familia del músico emitió un comunicado confirmando que el velorio público se realizará el sábado 6 de junio, aunque sin precisar aún la locación. Aclararon que no será en Parque Leloir y agradecieron el acompañamiento y la paciencia. También trascendió que preferirían que la despedida se realice en el Congreso, aunque esa opción depende de nuevas evaluaciones de seguridad.
La Provincia y la Municipalidad de La Plata continúan en contacto con los familiares para definir el lugar final. Entre las alternativas que se barajan aparecen la Legislatura bonaerense, la Gobernación y espacios municipales. También hubo consultas con clubes como Racing y Huracán, aunque sin confirmaciones oficiales.
Más allá de la logística, el dato político del día es claro: la muerte del Indio generó un movimiento inesperado dentro del peronismo. La coordinación entre Kicillof y Máximo reabrió un canal que estaba congelado y mostró que, incluso en momentos de dolor colectivo, la política puede encontrar puntos de encuentro. No fue una jugada estratégica ni un acuerdo programado, sino una respuesta a una situación que exigía responsabilidad y presencia.
En un clima de duelo nacional, la prioridad sigue siendo garantizar una despedida respetuosa y organizada. Pero el reencuentro entre Axel y Máximo deja una señal hacia adelante: cuando la realidad obliga, el diálogo vuelve a aparecer. Y esta vez, fue el Indio quien, sin proponérselo, volvió a unir caminos que parecían alejados.



