La conmemoración del Día de la Industria cada 2 de septiembre remite a un antecedente histórico ocurrido en 1587. En esa fecha zarpó desde el fondeadero del Riachuelo la carabela San Antonio con destino a Brasil, transportando un cargamento de tejidos y harina producidos en el Tucumán y Santiago del Estero. Aquel episodio quedó registrado como la primera exportación de productos manufacturados desde el actual territorio argentino.
Sin embargo, el registro oficial también guarda un trasfondo irregular denunciado en su momento por el gobernador Juan Ramírez de Velasco. Dentro de los sacos de harina se habrían ocultado barras de plata provenientes de Potosí, cuya salida estaba estrictamente prohibida por Real Cédula. Pese a este hecho de contrabando, la fecha fue instituida formalmente en 1941 para destacar el valor de la producción nacional y el trabajo manufacturero.
Más de cuatro siglos después, el sector industrial en Argentina enfrenta un escenario de marcado retroceso productivo. Según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la actividad manufacturera acumula una caída del 1,9% durante el primer semestre de 2026. El uso de la capacidad instalada cayó al 59,1% en junio, dejando desaprovechada más del 40% de la infraestructura fabril existente.
Las consecuencias sobre el mercado laboral y la estructura empresarial han sido inmediatas. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se registraron 97.312 despidos en la industria manufacturera, lo que representa una contracción del 8% del empleo privado formal. En el mismo período cesaron sus actividades un total de 4.020 empresas fabriles en todo el país.
El informe de CEPA señala que el deterioro local contrasta con los indicadores de la región. Mientras la industria argentina retrocedió un 7,9% entre 2023 y 2025, países limítrofes como Brasil, Chile y Uruguay registraron incrementos en sus niveles de producción. El desempeño argentino se ubicó como el segundo peor entre 56 economías analizadas a nivel global.
Esta contracción coincide con un incremento sostenido en el ingreso de bienes finales de consumo desde el exterior. Durante los primeros seis meses de 2026, las importaciones alcanzaron los USD 5.362 millones, el registro más alto para un primer semestre desde que existen estadísticas. Los rubros más afectados por el ingreso de productos importados son electrodomésticos, indumentaria, alimentos y vehículos.
El informe concluye que este escenario responde a un cambio de orientación en las políticas públicas. La eliminación de licencias de importación, el incremento de las tarifas energéticas y la reducción del presupuesto en organismos técnicos como el INTI configuraron un nuevo esquema económico. La pérdida de dinamismo del mercado interno y la mayor competencia externa mantienen al sector en un proceso de reconfiguración.
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