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El drama docente en Provincia: la inflación aplasta los salarios

Los maestros de la provincia de Buenos Aires siguen perdiendo poder adquisitivo. Un sueldo inicial apenas cubre la mitad de la canasta básica familiar.

¿Alguna vez sentiste que por más que te esfuerces, el sueldo simplemente se te escurre entre los dedos antes de que termine el mes? Esa es exactamente la sensación con la que conviven miles de maestros y maestras de la provincia de Buenos Aires. Llegamos a mayo de 2026 y la película parece repetirse: la inflación sigue corriendo varios pasos por delante de los salarios docentes, dejando a quienes educan a nuestros hijos en una situación económica cada vez más asfixiante.

Hace apenas unos meses, en marzo, el gobierno de Axel Kicillof y los gremios habían chocado las manos con un acuerdo paritario del 9%, escalonado en tres tramos entre febrero y abril. En aquel momento parecía un alivio, pero la cruda realidad de las góndolas dictó otra sentencia. Hoy, las estimaciones privadas marcan que la inflación del primer cuatrimestre ya ronda entre el 11,1% y el 11,7%. Los números no mienten y el bolsillo de los maestros, mucho menos.

Pero hablemos de lo que realmente duele: la vida cotidiana. Imaginate ser una maestra de grado que recién da sus primeros pasos frente al aula. Hoy, tras el último acuerdo, su recibo de sueldo acusa unos $850.053. Suena a mucho si miramos hacia el pasado, pero es trágicamente insuficiente cuando cruzamos ese número con la realidad. Según el INDEC, una familia tipo necesita $1.434.463 mensuales para no caer en la pobreza. Es decir, una docente inicial cobra apenas un poco más de la mitad de lo que necesita para mantener a su familia a flote. No hace falta adornar este dato: es una realidad desgarradora.

Lamentablemente, esto no es un tropezón exclusivo de este año. Si miramos un poco hacia atrás, el patrón es claro y profundamente frustrante. En 2025, los salarios cerraron unos cinco puntos por debajo de la inflación anual. Y si le preguntamos a otros sectores estatales, como los profesionales de la salud (CICOP), el panorama es aún más sombrío: denuncian que en los últimos cinco años de la actual gestión provincial perdieron nada menos que un 34% de su poder adquisitivo. Es prácticamente un tercio del sueldo que desapareció en el aire.

Frente a esta urgencia, ¿qué está pasando ahora mismo? Mayo nos encuentra sin un aumento automático en los recibos, pero con una “cláusula de monitoreo” activa. Básicamente, es una instancia donde el gobierno y los gremios se sientan a mirar los números para admitir lo que ya todos sabemos en la calle: que el sueldo quedó dolorosamente rezagado. Esta semana, la Provincia puso sobre la mesa una propuesta de un 7,5% de aumento para mayo, mientras se prepara el terreno para reabrir formalmente las paritarias en junio.

Claro que el gobierno provincial argumenta que no tiene mucho margen de maniobra. Aseguran que la coparticipación cayó fuertemente y le reclaman deudas millonarias al Estado Nacional. Pero este argumento fiscal choca de frente con un termómetro interno cada vez más caliente.

Los gremios históricos, habitualmente cercanos al gobernador, están bajo una presión enorme. Con Roberto Baradel despidiéndose de SUTEBA para ir a la CTA, las nuevas conducciones deben lidiar con bases docentes que están agotadas, frustradas y enojadas. Los sectores de izquierda vienen ganando terreno en las escuelas, impulsando paros en distritos clave como La Matanza, La Plata y Tigre, exigiendo que los sindicatos se pongan mucho más firmes en las negociaciones de los próximos días.

El desafío para las próximas semanas es enorme y nos involucra a todos. Quienes construyen el Estado en las aulas y los hospitales están pidiendo algo muy básico: poder vivir dignamente de su trabajo sin la angustia de no llegar a la segunda quincena. Con la reapertura paritaria pautada para junio, todo indica que si los números no empiezan a cerrar a favor de los maestros, la provincia se encamina a un invierno fuertemente marcado por el conflicto. Y en el medio de toda esta tensión, como siempre, quedan la educación de los chicos y el esfuerzo gigante de los docentes que hacen verdaderos malabares para llegar a fin de mes.

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